lunes, 29 de julio de 2013

"Chucho Benítez” QEPD


El Chucho Benítez ahora juega en la mejor liga del mundo y su DT ahora es Dios!!!

viernes, 18 de enero de 2013

Cuauhtémoc blanco comercial 2002

Excelente comercial que casi no se vio en méxico del símbolo americanista de los últimos tiempos... ese cuau, todo un personaje sin duda.

Todo sucede durante un comercial de Budweisser. Estamos dentro de un salón de clases. Hay sillas, un amplio pizarrón, algunos objetos deportivos. Es una reunión de AA, aunque más parece extraída de los grupos de ayuda que visitaba Edward Norton en el Club de la Pelea. De inmediato se distingue que son dolorosos testimonios de hombres que parece, están en un trance de enfermedad terminal, de muerte o de vergüenza.
Todos son jóvenes. La iluminación es tenue. La fotografía, casi monocromática, resalta la seriedad de la reunión.
Primero habla un italiano sobre su fobia increíble.
Luego, un hombre menciona: “Cuauhtémoc Blanco”. Después, un brasileño (que parece brasileño) llora desconsolado y se tapa la cara con unos guantes.
Ahí descubrimos que es portero. Todos lo son.
La intensidad crece… en un idioma que suena a español recién aprendido otro asegura: “Un solo hombre me ha humillado”. Más caras tristes, música de violines, desolación, hasta que al fin la acción se centra en un hombre.
Draguen, quien declara “soy arquero”, mientras la psicóloga que modera al grupo le dice a ese gigante: “gracias por compartir con nosotros”.
Todos lo saludan, ella lo abraza. Draguen se desmorona. Truenan los aplausos, medianamente amortiguados por la superficie de látex de los guantes que todos traen.
Entonces la música cambia. Hay una especie de emoción acercándose a la superficie.  La psicóloga (traje sastre, cabello recogido, lentes, guapa al primer toque), señala el pizarrón y los invita a gritar con fuerza: “No te tengo miedo”. Entonces ellos, todos, se ponen una paleta que tiene pegado el rostro de Cuauhtémoc, y como para darse valor, para exorcizarlo, se miran con ella. Pero nadie quiere ver a nadie a los ojos.
La psicóloga los para frente a frente. Los obliga a gritarle al Cuauhtémoc de cartón: ¡No te tengo miedo!
Entonces agarra una pelota. Todos lo hacen. Con cariño, como bajando un centrito en el área chica: “El balón está conmigo” dicen, casi cantando. Se están soltando, van perdiendo el miedo. “Mis guantes son mi escudo”. La música es más alegre, festiva, emociona. “Yo soy un buen arquero”, gritan todos. Draguen se levanta, eufórico. El italiano, el brasileño. Poco a poco se yerguen convencidos. “Te puedo detener, Cuauhtémoc”, dicen como si fuera una oración, una magia. Y entonces gritan, sonríen, se abrazan porque la terapia ha triunfado. En eso están cuando la puerta se abre de golpe y aparece Cuauhtémoc. El terror se apodera de los porteros. Cuauhtémoc sonríe. Sube los hombros, como niño inoportuno. “Perdón, me equivoqué de grupo”, dice, y cierra la puerta, entre tímido y feliz. El brasileño, desamparado, mira hacia la psicóloga. Suponemos que todos los porteros tienen la misma cara. La música de violines vuelve. Fade Out.
Ese comercial fue del 2002. Celebramos la Verdadera Pasión, dice el eslogan y abajo, el logo del Mundial de Corea Japón.
Nada ha cambiado 11 años después.
Cuauhtémoc sigue aterrando porteros.
Hace todavía comerciales.
Sigue subiendo los hombros, como niño inoportuno.
Y yo aún le deseo feliz cumpleaños, y tú correrás a buscar el comercial.
Sólo por verlo a él. Nada ha cambiado.

 Aquí el comercial:





Aquí el comercial:

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